En busca de inspiración, la naturaleza acaba siendo el refugio perfecto. Hace unos días paseando pensativa mientras escuchaba las hojas crujir bajo mis pies, me asaltó el suave e intenso olor a flores de saúco y recordé que el otoño pasado guardé sus bayas sobrantes en el congelador para hacer alguna receta. Me apresuré hacia casa pensando en hacer un vinagre de bayas de saúco para alimentar el espíritu. 

El saúco es un arbusto que crece en los bordes de los caminos, reconocible por sus preciosas agrupaciones de flores blancas. Y es de estas flores de donde nacen sus preciadas bayas. 

El valor culinario de sus flores y bayas es único por su delicadeza. Y cuando interactúo con plantas silvestres comestibles, admiro su capacidad para proveer sin pedir nada a cambio. El saúco nos regala sus principios activos  en casos de resfriados, gripes, fiebre y alergias. Actúa como antiinflamatorio, diurético y depura nuestra sangre.

Me gusta pensar en La teoría de las signaturas que apuesta por las semejanzas entre las características físicas o signos de las plantas y sus virtudes o propiedades curativas. Y en el caso de las bayas de saúco la poética es evidente: una sangre que limpia otra sangre.  

Con las bayas, se pueden hacer desde una mermelada, tarta o salsa hasta una bebida de kombucha; y con las flores, puedes decorar y dar sabor a cremas de verduras, kefir y cualquier bebida refrescante.

La receta del vinagre de saúco combina las propiedades de las bayas del saúco y del proceso de fermentación. Como sabes, los alimentos fermentados, entre muchos de sus beneficios, ayudan a digerir mejor los nutrientes e promueven el equilibrio de nuestra flora bacteriana reforzando el sistema inmune. 

 

RECETA: Vinagre de Saúco

Para 400ml- 450ml aproximadamente
cp = cuchara de postre  /  cs = cucharada sopera / v = vaso 200ml

Ingredientes :
200g bayas saúco
500ml vinagre de manzana
50g azúcar de coco (opcional) 

 

Preparación :
Retira las bayas de sus tallos con un tenedor y lávalas bien, eliminando cualquier trozo de hoja o tallo.
Pon las bayas en una cazo pequeño y tritúralas con el palo de un mortero, luego vierte el vinagre por encima. 
Cocina a fuego lento durante 10 minutos. Una vez listo echa la mezcla en un frasco de vidrio esterilizado y deja que enfríe antes de cerrarlo. 
Déjalo reposar en un lugar fresco y oscuro durante un mes.
Pasado el mes, cuela el vinagre (puedes utilizar las bayas encurtidas en un estofado o ensalada).
Puede añadir un poco de azúcar si deseas un toque agridulce en tu vinagre. 
Para ello, pon el vinagre a calentar ligeramente en un cazo sin que hierva, añade el azúcar y remueve hasta que disuelva. Transfiere el vinagre a una botella esterilizada y una vez frío, puedes empezar a utilizarlo en tus recetas. 

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